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Gasto millonario que dividió a un país, ahora se cae a pedazos

Brasil invirtió casi 12 mil mdd para ser la sede del evento; los organizadores fallaron a la promesa de hacer perdurar los beneficios de los Juegos Olímpicos

 

Resulta difícil de creer que apenas seis meses atrás, la carismática ciudad de Río de Janeiro albergó los Juegos Olímpicos. Por estos días, la otrora vibrante Villa Olímpica, se ha convertido en un pueblo fantasma. El Parque Olímpico luce un severo desgaste en los senderos y recodos en los que alguna vez mostró enorme vida y colorido.

En el monumental Estadio Maracaná, la electricidad ha sido cortada, porque no hay quien pueda cubrir los montos por ese concepto para alimentar a ese gigante dormido. Césped en mal estado, butacas que no están en su lugar y las bancas donde se sentaron los suplentes y los técnicos del torneo olímpico de balompié, se agrietan bajo el sol abrasador.

Agua de color naranja, con repugnante aspecto, emana de una piscina de práctica que se ubica al lado de lo que fue el Centro Olímpico Acuático, donde el legendario nadador estadounidense, Michael Phelps, hizo vibrar a miles de entusiastas aficionados en ese recinto apenas hace medio año.

El pasto, natural o sintético, se ha tornado en terreno marrón o de rasgadas vestiduras, las butacas de muchos escenarios que sirvieron como sede de la edición 31 de la justa veraniega, han sido arrancadas y muchas de ellas están fuera de su sitio, amontonadas en una pila sin sentido.

Todo esto no es ni siquiera el principio de una descripción de cómo se encuentran las favelas, que se suponía iban a ser remozadas y a verse beneficiadas por la realización de los Juegos Olímpicos. En lugar de eso, también se palpa el deterioro, los fallos en el drenaje y ríos de aguas negras por las calles. La pobreza persiste pese a la promesa de un beneficio conjunto, de dádivas para todos por albergar la máxima fiesta deportiva.

Pero nada de esto resulta sorpresivo. No es la primera vez que vemos como la promesa de los anfitriones olímpicos, quienes invierten miles de millones de dólares en el estelar evento deportivo de dos semanas de duración, se queda en buenas intenciones únicamente. Prometen que el espectáculo tendrá un efecto positivo en la economía local y en la vida de los ciudadanos de la sede, pero solamente son testigos mudos de cómo estas instalaciones son abandonadas y se caen por el deterioro.

Muchas de las estructuras edificadas para Río 2016 fueron construidas de manera que al término de la justa olímpica, pudieran ser desmontadas y, a su vez, esos materiales pudieran servir para infraestructura de otro orden, como escuelas o parques.

A las afueras del complejo deportivo de Deodoro, al norte de Río de Janeiro, donde se realizaron las pruebas de tiro, hockey sobre césped, las competencias hípicas y algunas disciplinas del ciclismo (montaña y BMX ), se lee un cartel que dice “estamos en receso”, pero por el estado en el que se encuentran no sólo esas instalaciones sino todas las que albergaron los eventos de la XXXI olimpiada, ese receso parece perenne.

Pero la realidad es que de aquella fiesta que reunió a más de 11 mil deportistas de 207 diferentes naciones, sólo quedan las imágenes, los recuerdos y una añoranza que se queda en la sombra del devastador y sombrío panorama que parece no tener remedio.

La cifra más alta de la historia, pagada por los contribuyentes, para la realización de unos Juegos Olímpicos, la pagó Brasil, con los 11 mil 500 millones de dólares.

Curiosa, e irónicamente, la segunda cifra más alta, aportada por la ciudadanía, con sus impuestos, fueron los 6 mil 200 millones que desembolsó Grecia, una de las grandes razones del receso económico que ha vivido la nación helénica por años.

Otros precedentes de olvido y deterioro

Luego de desembolsar 15 mil millones de dólares, Grecia, la cuna de los Juegos Olímpicos de la antigüedad, sufrió uno de sus peores capítulos económicos.

Luego de registrar una pérdida de 9 mil millones por la realización de la justa veraniega en 2004, el olvido, el abandono, y el desgaste de lo que alguna vez fue el fértil terreno para la máxima competencia deportiva del orbe, se quedó en ruinas, pero no tan significativas como las de la Acrópolis, por ejemplo.

Aunque la economía de China es bastante superior a la griega, algunas de las estructuras edificadas, como los célebres Nido de Pájaro, el pomposo estadio olímpico con capacidad para 91 mil espectadores, y el Cubo de Agua, centro acuático de Pekín 2008, lucen un deterioro tal que los deja como irreconocibles edificios que alguna vez gozaron de esplendor.

 
 
 

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fecha 16 de febrero de 2017 02:46
ultima modificacion Ultima modificación: 04:13
autor Por: Israel Germán / israel.german@razon.com.mx
 
 
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Fotos Reuters e Israel Germán

 
 
 
 
 
 
 
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