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André Malraux: la memoria del arte en la literatura
 

Maravillado por el personaje - extraño y fascinante- de André Malraux (París, 1901- Créteil, Francia, 1976), el ensayista Olivier Todd, acaba de publicar el libro Malraux. Une vie, editado por Gallimard. Asombrado por la personalidad del escritor francés, el biógrafo ajusta cuentas con su tiempo desmenuzando con frialdad los desajustes y enormidades ardidos por un “corazón aventurero” convertido en mitómano persuadido hasta la patología de la verosimilitud de sus propios desvaríos. Malraux fue de extremos y sería injusto someter al ejercicio del rigor el rapto épico al ritmo que él mismo tramó su vida. Una vida de “cicatrices” jamás sanadas. Fue una figura heroica, mítica y fabulosa.

Inició sus actividades literarias en 1926, al mismo tiempo en que se decidía a participar en las grandes transformaciones políticas de su época: la revolución china, la guerra civil española, la Resistencia francesa y el gobierno francés de posguerra y el gobierno de Charles de Gaulle. Dedicó igualmente tres volúmenes a Los museos imaginarios de la escultura mundial (1952 a 1955) y publicó la primera parte de lo que sería una gran epopeya de las artes: La metamorfosis de los dioses (1957). Después del regreso al poder de De Gaulle en 1958, se convirtió en ministro de Cultura (entre 1959 y 1969). En 1967 apareció Antimemorias; en 1971, Les Chênes qu’on abat, relato de su última entrevista con De Gaulle; en 1974, La cabeza de obsidiana; luego Lázaro (1974) y Hôtes de passage (1975). Además de sus ensayos autobiográficos, publicó una segunda parte de La metamorfosis de los dioses, titulada Lo irreal (1974), y luego una tercera, Lo intemporal (1976). En 1977 apareció, póstumamente, su único trabajo consagrado a la creación literaria, síntesis de innumerables prólogos y artículos dispersos: L’Homme précaire et la Littérature.

La construcción de la utopía en una sociedad de mesas y democrática ha sido el sueño inconfesado de los grandes rebeldes que fracasaron en muchas de sus luchas. La búsqueda de la utopía fue quizá la clave ideológica de la modernización industrial a principios del siglo XX, transformando en la mitología de un mundo nuevo pero narrado con el lenguaje contrapuesto e irreductible de las fuerzas hegemónicas en conflicto: el capitalismo universalizador emergente y las equívocas consideraciones de un socialismo imposible. El sueño utópico ha tenido, por qué negarlo, un inmenso poder de persuasión que ha transformado por magnitudes inconcebibles la investigación tecnológica que ha potenciado la rectificación irreversible de lo que llamamos “el mundo del hombre”.

Oliver Todd (Neuilly-sur-Seine, 1929) ejerce el periodismo de investigación, durante años trabajó en la revista France Observateur (Luego Le Neuvel Observateur. En 1977, tras colaborar con la BBC, pasó a ser redactor- jefe del seminario L’Express, hasta 1981. Estudió en la Sorbonne y Cambridge, responde a la formación fronteriza que se exige al mejor profesional. Dos tentativas biográficas previas lo aseguran con creces: Jacques Brel. Une vie y su modélico retrato Camus. Une vie, con un gran éxito crítico, y con la cual, ganó en 1996 el Prix du Mémorial.

Malraux. Une vie, el personaje es casi un mito fundacional de la cultura francesa. La Francia de casi ayer tampoco resulta un tema neutro. Todd airea los entresijos del mito hilvanado sobre la trama legendaria de una época que ya no es nuestra y avanza nuevas conjeturas sobre evidencias cardinales desatendidas o ignoradas que acaso nos devuelvan un tiempo ido sin la bruma contradictoria y vital que lo convierte en aquello que quisiéramos que hubiera sido.

Sus obras primeras La condition humaine, La tentation y la tentation d’ occident impusieron un la cultura francesa un estilo de fuertes tonalidades personal y autobiográficas que aspiraba a reconciliar, a fundir en la acción, en el gesto interventivo radical, literatura y política, a partir de una parábola moral sobre el destino del hombre. Una exigencia, llevada al extremo teórico por Albert Camus y forzada a la subversión de lo cotidiano por el mejor Jean Paul Sarte: el existencialismo fue para Malraux, el “nido ecológico” natural que justificaba los arrebatos verbales y convertía en consignas los marginales diálogos entrecortados que dan sentido a sus obras. “Los hombres – decía Malraux- unidos a la vez por la esperanza y por la acción llegan a alcanzar, como los hombres unidos por el amor, dominios a los que nunca llegarán en solitario”.

La vida del genial narrador francés estuvo llena de fantasías, un personaje negativo en ciertos momentos. Ni prometedor heredero de una saga de banqueros, ni dickensiano desamparado por la destemplanza paterna. Un sensible hijo de clase media con mayor audacia que medios, forzado a un trabajo subalterno temprano y convertido enseguida a la aventura especulativa- artística, imperialista, revolucionaria, política-, pero adiestrado en las armas que manejan con maestría impecable los hombres hechos a sí mismos: la arrogancia y una oportuna amnesia circunstancial. Todd demuestra que la aventura indochina fue poco más que una desastrosa apuesta por el contrabando arqueológico, pero con altas dosis de riesgo, en pleno despertar del anticolonialismo asiático. Su pasión por el arte jemer lo llevó a emprender, a finales de 1923, una expedición arqueológica a la selva camboyana. Allí descubrió, en un templo abandonado, bajorrelieves que extrajo con la intención de venderlos en Europa. La aventura le costó la cárcel, pero finalmente fue absuelto. Regresó a Francia pero volvió pronto a Saigón, en enero de 1925, para fundar un periódico: L’Indochine, que desapareció al año siguiente a instancias de las autoridades coloniales. Aunque hay que decirlo, el legendario descubrimiento del imperio de la reina de Saba en Abisinia parece una patraña de aficionado.

Pero sin duda, André Malraux es un participe clave no sólo de Francia, sino del mundo. Su temprana conciencia artística y su ingenua argumentación de la condición esencial del arte para el hombre, son de alguna forma, la evidencia clara de sus pasiones. Malraux dice que el arte surge en el tiempo y de su tiempo, pero se convierte en obra de arte cuando alcanza a decir una verdad universal. Y esta verdad se llama inmortalidad, infinito, rebelión, rechazo de la banalidad de la condición humana. El artista es un “combatiente” que afronta el conflicto insoluble entre lo que es y lo que puede ser – de vuelta a la utopía- y que el arte preanuncia como posible.

Los libros de arte de Malraux son excelentes. El lector se debate entre un escrito lleno de afirmaciones contundentes, ajeno a cualquier discurso histórico. Los historiadores de arte han sido siempre reticentes con Malraux Gombrich desmontó su expresionismo artístico reivindicando la tradición como campo de intelección necesario para la obra de arte. Malraux era así un romántico, como Winckelmann o Ruskin, en busca de un absoluto intangible que va más allá de la obra de arte. Algunos han críticos han considerado El Museo imaginario de Malraux como un oráculo para lectores incultos. Sin embargo, hoy día la vehemencia combativa del polémico André Malraux adquiere nuevos matices. El Museo imaginario se acerca como ninguna otra construcción erudita a la sensibilidad posmoderna, saturada de historia y lanzada a la búsqueda de sensaciones inéditas sin cuestionar su procedencia ni la corrección de su percepción actual. La obra de arte permanece, pero la mirada cambia con el tiempo y la recepción responde a las ansiedades de cada época. Malraux recrea viejos fetiches escultóricos orientales y los reordena a su voluntad sin respeto por su genealogía formal. ¿Qué hacía Picasso? La fotografía colabora como ningún otro medio a la magnificación expresiva del detalle y hace verosímil la convivencia de los objetos más diversos, unificados.

La creación artística decía Malraux: “La visión de todo artista es irreductible a la visión común, porque desde su origen está ordenada por los cuadros y las estatuas, por el mundo del arte. Es revelador que ninguna memoria de gran artista conserve el recuerdo de una vocación nacida de algo que no sea la emoción sentida ante una obra: representación teatral, lectura de un poema o de una novela para los escritores; audición para los músicos; contemplación de un cuadro para los pintores. No se encuentra nunca el caso de un hombre conmovido por un espectáculo o un drama, y que de pronto se sienta obsesionado por la voluntad de expresarlo y lo consiga. “Yo también seré pintor”, podría ser la expresión rabiosa de todas las vocaciones. Según las biografías legendarias, Cimabue admira a Giotto, pastor que dibuja carneros; según las biografías verídicas, no son los carneros los que dan a Giotto el amor de la pintura: son precisamente los cuadros de Cimabue. Lo que hace de un hombre un artista es haber sido alcanzado en la adolescencia más profundamente por el descubrimiento de las obras de arte que por el de las cosas que representan, y tal vez, simplemente, por el de las cosas”. No se puede negar que el arte contemporáneo vive la reproducción. La apropiación “creativa” que falsea escalas y proporciones. La metamorfosis constante, en una cita de Malraux. Le musée imaginaire, La psicologie de I’ arte y L´Univers des formes, la colección dirigida por Malraux que marcó época en la presentación del arte, van más allá de la mera proposición visual artificiosa y sugieren fecundas interrelaciones artistas basadas en el montaje de imágenes sin tiempo como referente obligado de la cultura visual moderna.

Los escritos de André Malraux son fascinantes, una brillantez intelectual sin límites. Con él desapareció una figura contradictoria, apasionada, brillante, turbulenta y legendaria. Un personaje que cuando se fue se llevó una parte del mundo – de nosotros mismos- pues Malraux fue uno de los que ayudo a crear y configurar nuestra contemporaneidad. “La Europa de Malraux – como decía el pintor catalán Ráfols- Casamada – era la Europa de un sueño de cultura y revolución (el Malraux joven), de un romanticismo aventurero, que siempre añoraremos un poco…” Es necesario volver a leerlo, releerlo y redescubrirlo… El excelente libro de Olivier Todd sobre su obra y su vida, es una oportunidad indispensable para retomar una de las obras más importantes del siglo XX.

 
 
 

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fecha 11 de marzo de 2017 00:13
ultima modificacion Ultima modificación: 22:10
autor Por: Miguel Ángel muñoz/ miguelamunozpalos@prodigy.net.mx
 
 
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