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Obligado, hallar nombres de los 40 mil muertos en México

El columnista de El Mundo debate con Maerker, Silva Herzog y Trujillo sobre la utilización de los recursos de la literatura y la ficción en el periodismo

 

Arcadi Espada
Nació: en 1957

Lugar: Barcelona, España

Premios:

»Ciudad de Barcelona de Literatura, 1998

»Cuco Cerecedo, 2000

»Espasa de Ensayo, 2002

»Blasillo a la innovación en Internet, 2004

»Columnistas El Mundo, 2006

»A la tolerancia, 2005

»Gregorio Ordóñez, 2005


Si hay un momento en que el periodista Arcadi Espada se exacerba es cuando advierte que, en estos momentos, para un periodista mexicano no hay obligación ética y técnica mayor que hallar los nombres de las 40 mil personas que han muerto por la violencia del crimen organizado.

“O ese escalón lo rellena la democracia mexicana o el edificio se cae”, dijo el autor de Diarios en el debate que sostuvo ayer con los periodistas Denise Maerker, Jesús Silva Herzog y Julio Trujillo en la Universidad Iberoamericana.

Apenas unas horas antes, Espada posteó en su blog, uno de los más visitados de España, un apunte sobre la cena que tuvo este lunes con altos funcionarios de la Secretaría de Gobernación, con “la gente que más sabe del crimen organizado”, acotó, y líneas abajo puso: “los funcionarios reconocen, al fin, que no saben ni quién mata ni quién muere”.

Y ese es el dato duro que ayer repitió ante un centenar de personas. “Para saber quiénes son los que mueren, si son, como dicen ellos, en un 92 por ciento, productos de ajustes de cuentas, lo primero sería conocer esos nombres. No hay relato sin nombres... Pienso en dónde estaría la lucha contra ETA sin el mínimo pegamento emocional que trajo el conocimiento de las víctimas. No hay otra lucha más urgente para lo mejor de México que esa exigencia por los nombres. Que esa cuna y esa tumba, previas a todo”.

Pero en la sentencia, ante estudiantes, profesores y periodistas en activo, Espada se refirió precisamente a la responsabilidad de los periodistas en este contexto.

—¿Cómo deben actuar los periodistas frente a los riesgos que plantea algo no institucionalizado ni claramente dimensionado como el crimen organizado? —se le pregunta.

—Ha de protegerse, pero ha de tomar los mismos riesgos que toma un albañil cuando se sube a un andamio. Nadie dijo nunca que el periodismo no fuera una profesión arriesgada, naturalmente el periodismo ha de exigir a la autoridad que lo proteja, y ha de autoprotegerse, pero ha de ser consciente de que el periodismo es un oficio en cuya práctica han perdido la vida muchas personas en muchas partes del mundo.

—Entonces hay que tomar el riesgo.

—Esa es una decisión individual, pero si uno quiere efectivamente dedicarse a este oficio, habrá que tomarlo una y mil veces.

PERIODISMO-CIENCIA. Espada imparte en la Ibero un seminario con tres temas: Violencia y Medios, Periodismo y Redes Sociales, y Contra la imaginación en el periodismo.

Para abrir boca, Maerker, Trujillo y Silva Herzog discutieron cuánta literatura cabe en el periodismo. La sala estaba concurrida pues el tema antojó a más de uno, luego de la encendida polémica que el invitado de la universidad tuvo con el escritor Javier Cercas, a propósito de las licencias literarias que se pueden o no tomar los periodistas al ejercer el oficio.

Ni un minuto tardó Espada, férreo opositor al uso de los recursos de la ficción en el periodismo, en advertir que hay tres grandes puntos en los que aquella se puede apoderar de éste y ponerlo en riesgo.

El primero y más evidente es la aportación de la retórica de la verosimilitud al paradigma de la veracidad periodística. Espada ubica su origen en “el mediocre novelista Truman Capote y en su más mediocre novelita A sangre fría”.

Al respecto, explicó que en la búsqueda de hallar nuevos lenguajes para explicar los hechos, a Capote y al nuevo periodismo no se les ocurre otra cosa que pedirle prestada a la novela (realista) sus mecanismos: el diálogo, la narración omnisciente y la corporización de los problemas. De ahí surge el modelo de la faction que es contrario al de la fiction.

El segundo es que un periodista, si realmente es honrado, precisó el analista de El Mundo, en algún momento se da cuenta de que la vida, de que los hechos, no tienen sentido y, fatigado de eso, halla en la literatura algo que lo tienta y le ofrece dárselo.

“La novela es un mundo de sentido en el que las pasiones están explicadas, donde los azares juegan un papel extraordinariamente nítido...”

Y ahí Espadas cuestionó: “yo me pregunto cómo después de geniales carreras profesionales (algunos periodistas) acaban cayendo en la novela; es como si Casanova, cansado de mujeres espléndidas, incluso de hombres, de experimentar todas las pieles, dijera que se va a dedicar al onanismo”.

El tercero es el hecho de que el periodismo y la literatura comparten técnicas: “muchos nos hicimos periodistas porque en realidad queríamos escribir”.

Pero el debate original se abre otras puertas con la intervención de Jesús Silva Herzog, columnista de Reforma, quien afirmó que es una fatalidad del periodismo ser literatura, pues la preocupación literaria del periodista está, de alguna forma, en la búsqueda de las palabras precisas para construir sus relatos. “No puede haber periodismo sin establecer esta vocación por interrogar al mundo y esa es una preocupación literaria”.

Denise Maerker, columnista de El Universal, planteó sin embargo que la búsqueda de sentido de los acontecimientos a veces, en México, se contamina con militancia y con propaganda política, y por ello encontramos relatos, por ejemplo, sobre violaciones de indígenas que después resulta que no ocurrieron. De ahí que plantea que en periodismo no debe haber espacio para la mentira ni para la ficción imaginativa.

Para Julio Trujillo, director de Newsweek en Español, el periodismo está condenado a ser literario, si se parte de la idea de que hay un fracaso esencial: el hecho no existe, porque puede ser visto de una forma por una persona, y de manera diferente por otra: “hay multiplicidad de formas de contar el hecho desde el periodismo y ahí ya estamos hablando de versiones (en plural) de esos hechos”.

Pero Arcadi Espadas fue concluyente: “yo sí quiero un periodismo basado en el método científico. El periodista lo que hace es establecer un círculo en torno a algo que ha ocurrido, un círculo en el que nadie puede aspirar a que esté toda la verdad y que se puede ampliar. Y lo que tiene que hacer el periodista es que eso primero no sea desmentido, que siga siendo verdadero, ahí está contenida toda la ética de nuestro oficio”.


El debate Espada-Cercas

- Javier Cercas publica Anatomía de un Instante, un ensayo sobre el golpe de estado en España (23-F), luego un ensayo sobre la negociación entre el gobierno español y ETA.

- Arcadi Espada critica este ensayo con el argumento de que no es preciso —ni moral— y que tal situación podría descalificar su aproximación al 23-F.

- Javier Cercas defiende en un artículo en El País que el periódico albergue artículos en los que “no todo lo que se cuenta responde a la verdad de los hechos” (en referencia a un artículo en el que un fumador critica la ley antitabaco y luego afirma que nunca ha fumado).

- En respuesta y para “darle una lección”, Espada publica una invención para exhibir las consecuencias de darse licencias como las que Cercas defiende. Publica que Cercas fue detenido en una redada en un prostíbulo. De ahí se genera un encendido debate sobre el tema, que aún no concluye.

 
 
 

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fecha 13 de abril de 2011 03:35
ultima modificacion Ultima modificación: 01:49
autor Por: Adrián Castillo
 
 
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Foto Jorge González La Razón

 
 
 
 
 
 
 
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