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Las calles y los ciudadanos del DF pagarán las consecuencias de lo que Manuel Camacho denomina “crisis política”, pero es un novedoso tanteo de golpe de Estado institucional ideado por AMLO (con el aprendizaje del fracaso del Plantón de Reforma en 2006) para no aceptar la derrota en 2012.
Se trata de un crac político meticulosamente preparado que alcanzará su cenit de violencia callejera el 1 de diciembre, con el intento de impedir la toma de protesta de Enrique Peña como Presidente constitucional.
Faltan cinco meses, pero en sectores priistas y panistas, de opinión y ciudadanos, se empiezan a preguntar si el próximo jefe de Gobierno, Miguel Mancera, permitirá este proyecto de asonada. Pero es un reclamo sesgado.
Porque el huevo de la serpiente del desprecio de AMLO por el Estado se incubó desde que el propio Camacho, siendo regente priista del DF, lo cabildeara en 1993 para que levantase sus protestas en el Zócalo.
Continuó con innúmeras concesiones del sistema político mexicano a AMLO, como la violación de la ley electoral por el presidente priista Ernesto Zedillo para permitirle registrarse como candidato al GDF, a pesar de no tener residencia en la capital, sino en Tabasco.
En 2002 el presidente panista Vicente Fox canceló la construcción del nuevo aeropuerto internacional en Texcoco únicamente porque dos comunidades ejidales afines a AMLO, de un total de 15 comprendidas en la zona, se opusieron machete en mano a la venta de parcelas.
La minoría pro AMLO, a quien éste, como jefe de Gobierno, abrió el DF para que marchara con armas blancas, se impuso a la mayoría y perjudicó el interés nacional. También bloqueó la carretera Lechería-Texcoco, y secuestró a policías y funcionarios con la amenaza de quemarlos vivos.
Más tarde la Corte se avino a los intereses de AMLO y liberó a los detenidos tras los desmanes al considerar que “las condenas dejan ver una forma maquilladamente institucional de criminalizar la protesta social como una forma de castigar ser oposición”.
Y durante el pasado proceso electoral, la candidata del partido gobernante mantuvo un pacto de no agresión con AMLO que se extendió hasta el segundo debate. Más aún, el propio presidente Felipe Calderón dio aire a la acusación de AMLO acerca de que “el PRI compró votos”.
Calderón reconoció el triunfo de Peña el 1 de julio, pero después le hizo el juego a AMLO al afirmar que “esta compra-venta de voluntades, así sea una o diez o cien o mil, es simplemente inaceptable y hago votos por que la autoridad electoral rectifique de inmediato”.
De manera que, antes que Mancera jefe del GDF, hay muchísimos que tendrán que responder por la anarquía que viene en la capital.
¡Para qué jugar con las palabras!
ruben.cortes@razon.com.mx
Twitter: @ruben_cortes
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