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Rodolfo Higareda Rodolfo Higareda
 
Rodolfo Higareda
 
De patologías y trastornos

Rodolfo Higareda

 

La política y el estilo de comunicación del presidente Peña han sido fuertemente criticados casi desde el inicio de la administración. A lo largo de los diferentes acontecimientos o crisis que su gobierno ha enfrentado, en prácticamente todos los casos, la estrategia seguida ha sido equivocada. Empezó primero dando una atropellada explicación para justificar la cancelación del proyecto del tren bala, dado que se venía encima el escándalo de la famosa Casa Blanca; seguido de una incomprensible comparecencia televisiva de la primera dama.

No obstante que se esperaba que ese terrible error, que les acompañara durante toda su vida, les dejara una lección importante, al poco tiempo les explota en las manos el caso de Iguala. Pasan los días sin que el presidente o alguien en su nombre haga cuando menos una declaración sensata o una muestra de preocupación al respecto. Y cuando finalmente lo hacen, las calles estaban desbordándose; y sus malquerientes ya habían logrado sembrar la cantaleta de que el culpable de la matanza había sido “el Estado”; y no como en realidad ocurrió: que fue un grupo de narcos coludidos con un alcalde de izquierda, puesto por el líder mayor de ellos y en un estado que también gobernaba el PRD.

Para continuar pavimentando el camino al infierno, se fuga El Chapo Guzmán; y como nadie en el gobierno es responsable (solamente los carceleros), el Presidente de nueva cuenta paga los platos rotos. En otros tiempos hubiéramos presenciado una andanada de renuncias y despidos; pero eso es inimaginable para Enrique Peña Nieto. Y ya para cuando Trump llegó invitado a Los Pinos, el desorden comunicativo era una enfermedad crónica incurable: primero nos dijeron que algún día lo entenderíamos; y después que se habían precipitado. Para enmendar las cosas corre con todo el dolor de su corazón a quien lo llevó al filo del linchamiento público; para recular pocos meses después anunciando su recontratación, justo en el mismo acto en el que se nos “explicó” el alza en los precios del combustible.

Trump gana, el dólar se dispara, y otra vez destacan por sus estrategias para hacerle frente a tan compleja situación. Y ahora viene el gasolinazo, que nos recetan oportunamente para arrancar la cuesta de enero, mientras el ejecutivo y su equipo tomaban sus merecidas vacaciones invernales. Eso sí, le piden al más destacado funcionario, al de mayor prestigio y credibilidad, léase José Antonio Meade, que dé la cara y explique las bondades de la liberación del mercado de las gasolinas. Con sesudas explicaciones sobre los deciles poblacionales que consumen más combustible, en su teoría debíamos quedar satisfechos. Claro está que esto no caló de esa forma en el sentir de la gente; y sobra decir que ni por asomo sugirieron algo sobre disminuir la dependencia que tienen las finanzas gubernamentales en PEMEX; y mucho menos sobre reducir los altísimos impuestos que se cobran en los hidrocarburos.

El esperado anuncio del presidente este 4 de enero, nuevamente reflejó los terribles trastornos de comunicación que padece su gobierno. Lejos de explicar de manera empática y coherentemente el alza del precio; o cuando menos anunciar medidas de austeridad como hubieran podido ser la eliminación de vales de gasolina para funcionarios federales; nos pide comprensión y nos dice que todo es por nuestro bien; y que para cualquier duda, busquemos lo que dijo Meade al respecto; mientras la sonrisa no le cabe en el rostro por el regreso de su inseparable colaborador.

Pero lo importante en todo esto es ver el origen de ese trastorno que padece el gobierno federal y que parecía solamente comunicativo. Lo que hay de fondo es lo preocupante, porque antes de salir a dar la cara en una conferencia de prensa o antes de poner en marcha de alguna iniciativa; detrás hay muchas horas de trabajo y una serie de deliberaciones de todo un equipo con su jefe. Ahí es donde está la falla, ahí es donde está el génesis de la crisis que padecemos. Lamentablemente, es la incompetencia de todo un grupo la que tiene al país a unos cuantos meses de llevarlo a las manos de un populista que dividirá a la nación como nadie nunca lo ha hecho; y que se sentará en el poder por muchos, muchos años, llevando a la patria al camino de Venezuela, Cuba y Bolivia. El futuro y la modernidad formaran parte de otra ruta de la que el peñato nos habrá alejado indefinidamente. Y no será culpa de los que vienen sino de los que están.




 
 
 
 
fecha 5 de enero de 2017 01:25
ultima modificacion Ultima modificación: 22:47
autor Por: Rodolfo Higareda
 
 
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