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Armando Chaguaceda
 
El poder y el silencio

Armando Chaguaceda

 

La reunión conmemorativa del medio siglo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) ya no tiene sede. Funcionarios cubanos echaron abajo meses de preparativos para que La Habana fuese la anfitriona del cónclave. Generando frustración en la directiva de esta organización, que reúne académicos del continente y latinoamericanistas de otras regiones del orbe.

La reacción es un balde de agua fría para quienes, desde cierta intelectualidad de izquierda, intentan combinar su lealtad para con el régimen cubano y, a la vez, apoyar el desarrollo de una ciencia social insular más creativa, rigurosa y conectada con avances globales. En esa dirección, CLACSO ha jugado un rol destacado, a través de los programas de becas para jóvenes investigadores, los cursos de formación virtual, los grupos de trabajo internacionales y la producción y difusión editoriales, entre otros importantes ejes de trabajo.

Quien escribe estas líneas, siendo un bisoño profesor de la Universidad de La Habana, pudo adquirir su primera computadora y conocer colegas y teorías alejados del dogmatismo estalinista gracias a la colaboración —sostenida por una década— con CLACSO. Aun hoy, varios amigos residentes en la isla intentan producir un pensamiento social crítico y autónomo gracias al cobijo material y, sobre todo, simbólico, del Consejo.

No importan mis diferencias con la actual directiva de CLACSO y sus lamentables posturas frente al autoritarismo en Cuba y Venezuela. Tampoco lo absurdo de rechazar, como señalaron dichas autoridades “el uso de las razones de Estado para limitar el debate público, la formación de cuadros, la deliberación democrática, abierta y plural”; cuando ésa ha sido la pauta dominante en la relación poder-academia en la Cuba socialista. Ahí están, para recordárnoslo, los casos de Pensamiento Crítico y el Centro de Estudios sobre América. Lo verdaderamente relevante es repudiar que se haya producido semejante censura. La que, por cierto, deja mal paradas a las contrapartes locales de CLACSO; demostrando la falta de libertad de los centros cubanos para gestionar sus propias agendas e intereses.

No sabemos si ahora, alarmados por la difusión de la noticia, los burócratas caribeños darán marcha atrás, echando la culpa sobre los hombros de algún sacrificable funcionario. Y si CLACSO se reunirá finalmente en Cuba, con loas y cantos de esperanza por las reformas de Raúl. Hasta la fecha, la consigna oficial es abrir el país al capitalismo pero cerrar los foros al debate de ideas, propias y ajenas. Porque, parafraseando a un autor —por estos días celebrado en la Feria del Libro habanera—, el General no quiere que le escriban. Y mucho menos que le debatan.




 
 
 
 
fecha 13 de febrero de 2017 01:23
ultima modificacion Ultima modificación: 21:30
autor Por: Armando Chaguaceda
 
 
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