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Actualidad de Orwell

Julio Trujillo

 

No sería una exageración demasiado grande afirmar que vivimos tiempos “orwellianos”. Y no porque se haya suprimido la libertad de expresión, o se haya impuesto la censura o un sistema de vigilancia masiva (como sucede en la Oceanía de 1984). Pero sí abundan el miedo y el conformismo que genera esa larva de tirano que hoy gobierna a los Estados Unidos.

Su retórica autoritaria y nacionalista, su flagrante repulsión por la verdad y su deslegitimación de sus enemigos han encendido focos rojos por todos lados y nos han traído de vuelta a Orwell, de quien Christopher Hitchens dijo (y a Hitchens y su lengua afiladísima lo extrañamos mucho en estos días) que se podrían reeditar todas y cada una de sus palabras sin someterlo a ninguna vergüenza ni a pérdida de actualidad.

¿Y cómo no pensar en el autor de “Politics and the English Language” en estos días poblados de “hechos alternativos y fake news?”. La retórica infantil de Trump (sobreadjetivada con docenas de “greats” y “tremendous” y basada en un vocabulario menor a las cien palabras) es demasiado parecida al newspeak orwelliano como para no llamar nuestra atención, una nueva lengua que no sólo simplifica y aplana nuestra manera de pensar sino que puede volverse el medio de expresión para los prosélitos del trumpismo, y que de expandirse e implementarse volvería inconcebible cualquier pensamiento “herético” o disidente y cancelaría nuestras aptitudes críticas desde la misma raíz verbal. Al menos así define Orwell al newspeak al final de 1984, cuando describe las funciones del Ministerio de la Verdad. Y yo creo que, a estas alturas, es mejor exagerar que normalizar.

Cuando escribo “normalizar” quiero señalar la peligrosa tendencia de dejar que las cosas sucedan antes de señalarlas con urgencia y rabia ciudadana, tendencia que suele ir aparejada de una voluntad o tentación servil que Orwell conoció demasiado bien. Mucha gente (decenas de millones), de manera más o menos inconfesable, quiere ser gobernada por una mano fuerte que ofrezca tranquilidad y ahuyente miedos (intranquilidad y miedos que fueron sembrados en ellos por la retórica de dicha mano fuerte). Silencio, miedo, servidumbre… Pienso en la célebre distopía orwelliana y en una escena en que un personaje, Parsons, confiesa en una celda del Ministerio del Amor: “¡Por supuesto que soy culpable! ¿Creen que el Partido arrestaría a un personaje inocente? Me alegra que me hayan apresado antes de ir más lejos. Gracias por salvarme antes de que fuera demasiado tarde”. Esta es una actitud que comienza con la normalización del autoritarismo y que es aderezada con diferentes dosis de miedo y de achatamiento crítico. Salvo en personalidades de verdad excepcionales, creo que en todos nosotros hay un poco de Parsons y un poco de Orwell, que al crear a aquél, lo denunció como una realidad. Es hora de suprimir la tentación (jamás aceptada) de la servidumbre y de rebelarnos como el autor de Rebelión en la granja, quien supo plantarle cara no a una sino a las tres lacras mayores del siglo XX: el imperialismo, el fascismo y el estalinismo. Su actualidad es total, y su ejemplo también debería de serlo.

julio.trujillo@razon.com.mx
Twitter:
@amadonegro




 
 
 
 
fecha 20 de febrero de 2017 03:57
ultima modificacion Ultima modificación: 20:17
autor Por: Julio Trujillo
 
 
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