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Entrevista con Diego Prieto Hernández

Bibiana Belsasso

 

Diego Prieto Hernández es un antropólogo y es el director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

BB: ¿Cómo fueron tus primeros años, que te formaron para estudiar antropología?.

DPH: Mi padre fue oftalmólogo, un hombre recto, con una inmensa cultura, con una formación profesional sólida. Me enseñó mucho, sobre todo en cuanto a la responsabilidad y en cuanto a la disciplina en el cumplimiento de una profesión. Mi madre, una educadora, trabajó en su juventud en el área de Xochimilco-Tláhuac con gente que todavía hablaba náhuatl y con una enorme religiosidad, una mujer de enorme sabiduría. Crecí en la Ciudad de México en un ambiente de clase media…

BB: ¿Qué te dicen tus papás cuando decides estudiar antropología?

DPH: Me decidí por antropología por una suerte de casualidad. Entré a la Escuela Nacional de Antropología e Historia en 1974, básicamente porque en el ambiente posterior al 68, había que integrarse, como quien dice, al movimiento social, a la transformación del país, y alguien me dijo: “ahí en la escuela hay una buena cantidad de profesores que enseñan el marxismo y lo enseñan muy bien”. Yo estaba atraído por la teoría marxista y básicamente por eso entré simultáneamente a antropología y a economía en la UNAM. Durante un año cursé las dos carreras.

BB: Era una época muy complicada socialmente, fueron las dictaduras en América Latina... el movimiento del 68…

DPH: Después del 68 se desarrollan muchos movimientos en la clandestinidad o en la semiclandestinidad. Había una represión pero no era como la que se daba en América del Sur. Era un ambiente de mucha tensión por el lado de los movimientos estudiantiles, los urbano-populares. Era cuando emergía este sindicalismo independiente y después ya se pudieron dar ciertas transformaciones que inician con la reforma política del 79.

BB: ¿Y tú qué papel jugabas ahí?

DPH: Yo milité en algunos grupos, particularmente vinculados con el movimiento urbano-popular. Me fui a una colonia popular en el sur de la ciudad, con Marisa, cuando todavía no nos casábamos, y estábamos trabajando abriendo calles, participando en las gestiones para la urbanización de la colonia. Entonces eso me permitió un acercamiento muy interesante a los sectores populares del país y, con la perspectiva antropológica, comprender la diversidad en el ámbito de lo cultural…

BB: Del mundo de la cultura, ¿con quién te empiezas a llevar en esa época?

DPH: Sobre todo con la gente de las ciencias sociales, mis amigos arqueólogos, la gente que estudiaba lingüística, historia, pero también la gente de la UNAM. Por ejemplo, aprendí mucho del maestro Adolfo Gilly sobre la historia de México y de las luchas populares. Recuerdo un profesor muy interesante de la ENAH, que fue Leo Zuckermann, quien venía de la antigua República Democrática Alemana y que tenía un conocimiento muy profundo del movimiento obrero internacional.

BB: Y en antropología empiezas a trabajar en distintos gobiernos...

DPH: En el 91 entro a la Escuela Nacional de Antropología, ya como profesor investigador con mi plaza total. En 1995, Tere Franco, que era directora del INAH, me invita a dirigir el INAH en Querétaro. Fue una experiencia muy importante porque es como dirigir un pequeño instituto. Tienes todas las áreas del INAH: arqueología, museos, monumentos históricos, los estudios etnográficos, el tema de la difusión cultural, pero en un estado.

BB: Sobre el Museo de Antropología me llama muchísimo la atención que se hizo hace cincuenta años y tenemos muy poco de lo que se ha descubierto últimamente.

DPH: Bueno, hay cosas… este museo en varias salas ya ha tenido reestructuración; por ejemplo, la sala maya incorporó varias piezas muy interesantes, resultado de las exploraciones en Toniná, que condujo Juan Yadeun. Y las salas se han ido reestructurando… Nos falta mucho, pero, por ejemplo, la sala de los pueblos otopames, que está en el primer piso, se refiere a las expresiones actuales de los grupos que pertenecen a esa familia lingüística en que están otomíes, mazahuas, chichimecas, pames, matlatzincas y ocuiltecos.

BB: Tienes sólo dos años para estar al frente de este instituto, ¿qué vas a hacer?, son muchos los retos.

DPH: No vengo a hacer cosas muy espectaculares, lo que quiero es que dentro de 2 años podamos entregar a la sociedad una mejor institución, que tenga más claras sus tareas relacionadas con el estudio, con el cuidado, la protección jurídica, con el reconocimiento y el aprovechamiento social del patrimonio antropológico, histórico, arqueológico de nuestro país.

Que sea una institución que cumpla mejor su demanda social y ayude a reconocer su diversidad, y también una institución que contribuya.

El turismo en México está creciendo por nuestras zonas arqueológicas, por nuestros monumentos históricos, por nuestra cultura viva, por nuestra gastronomía, por nuestras playas y lugares de naturaleza. El gasto en el INAH no es un gasto, es una inversión. Hay que tomar nota de que si tuviéramos la posibilidad de desarrollar, como se han desarrollado Chichén Itzá o Teotihuacán, otras zonas que incluso no nos llevaría mucho tiempo, como Tajín…

BB: ¿Las queremos desarrollar?

DPH: Lo que queremos es diversificar, es decir, que podamos encontrar alternativas, ¿cómo logramos que no se concentre la visita en unos cuantos lugares? diversificando, ampliando también las áreas de visita en las propias zonas que ya tenemos y fortaleciendo el potencial de las 189 zonas arqueológicas que ya tenemos abiertas al público.

BB: A ti ¿qué es lo que más te preocupa?

DPH: Por un lado, fortalecer la infraestructura cultural con la que cuenta el INAH, 189 zonas arqueológicas, 121 museos abiertos al público y una infraestructura que abarca centros INAH…, centros de atención a la ciudadanía en todos los estados de la República. En segundo lugar, consolidar la tarea de investigación, en gran medida en el área de arqueología, pero en todas las otras disciplinas de la antropología y la historia, de manera que el instituto pueda estar dando apuntes no sólo para recuperar la memoria sino también para explicar los fenómenos que están sucediendo en este país y que mucho tienen qué ver con la cultura y que mucho tienen qué ver con procesos simbólicos. Yo creo que el INAH puede anotar cuestiones importantes en relación con el reconocimiento de la diversidad del país y también con la construcción de una sociedad más justa, una sociedad plural, una sociedad que desarrolle una perspectiva abierta de lo social y no cerrada.

BB: Me platicas que tu esposa te ha acompañado a lo largo de muchísimos años, ¿qué te dice ahora?

DPH: Empezamos de novios hace 41 años, más bien celebramos el noviazgo porque mucho tiempo no nos casamos. Ella estudió, sin concluir, antropología; también hizo estudios de historia, pero es restauradora, que es una de las áreas apasionantes del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Y, pues sí, me ha acompañado toda la vida.

BB: ¿Cuál ha sido tu día más feliz?

DPH: Creo que podría ser el día que Marisa me dijo que sí. Y, bueno, también fue un día, por supuesto, de enorme felicidad cuando nuestra secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda, me pregunta si aceptaría ser director general de esta institución, lo cual significó para mí culminar una carrera que ha transcurrido por distintas vías, por distintos caminos…

BB: Les cayó un peso importante a todos ustedes después de Rafael Tovar y de Teresa…

DPH: Es mucha responsabilidad en muchos sentidos. Yo entro a la Secretaría Técnica en septiembre de 2015, cuando está el proceso de discusión de la Secretaría de Cultura; en diciembre se acuerda su formación, ahí conozco ya mucho más a Maraki, ahora secretaria de Cultura. Efectivamente, el 2016 fue un año complejo, Tere sale del instituto en agosto y a mí me toca quedarme de encargado del despacho con doble trabajo: secretario técnico y a cargo de la oficina del despacho… Y finalmente, ya se anuncia mi nombramiento como director general del INAH, que te digo para mí es un desafío muy importante…

BB: ¿Y el día más triste de tu vida cuál es?

DPH: Yo creo que fue cuando murió el bebito que tuvimos. Tuviamos un primer bebito, Diego Aurelio, y se murió como a los 2 meses. Lo más pesado es que alguien pierda a un hijo.

BB: Complétame esta frase, Diego Prieto es…

DPH: Una persona.

bibibelsasso@hotmail.com
Twitter:
@bibianabelsasso




 
 
 
 
fecha 9 de marzo de 2017 23:55
ultima modificacion Ultima modificación: 22:52
autor Por: Bibiana Belsasso
 
 
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