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Echar a la calle a un presidente corrupto

Leonardo Núñez González

 

Un escándalo mediático reveló que una amiga de quien estaba al frente del gobierno se había beneficiado de esta relación. Aprovechando su cercanía extrema con el poder, extorsionó y presionó a varias empresas para que hicieran “donaciones” que terminaron en sus cuentas personales. Además, tuvo acceso a información privilegiada y ejerció una fuerte influencia en la titular del Poder Ejecutivo.

El conocer que amigos cercanos al poder aprovechen esta relación para beneficio personal no es ninguna novedad para el lector nacional. Lo que resulta extraño es la parte que sigue de la historia.

El escándalo involucró ni más ni menos que a quien fuera la presidenta de Corea del Sur, Park Geun-Hye; a una amiga muy cercana, Choi Soon-Sil, y a una de las empresas más grandes del mundo: Samsung. La indignación popular no se hizo esperar y diversas manifestaciones comenzaron a presionar por la dimisión de la presidenta.

La primera reacción de Park fue cesar a varios de sus asesores y declarar abiertamente: “tengo el corazón roto de dolor por haber causado preocupación a los ciudadanos”. La amiga beneficiada del tráfico de influencias se presentó a comparecer ante las autoridades y frente a los medios de comunicación pidió perdón diciendo: “cometí un delito por el que merezco morir”. El viernes pasado la presidenta fue removida de su cargo; Choi tiene un proceso penal abierto y Lee Jae-yong, uno de los 35 hombres más poderosos del planeta y heredero de Samsung, tiene una solicitud para ser detenido por parte de la fiscalía. La corrupción y el tráfico de influencias terminaron con un Jefe de Estado echado a la calle y muy probablemente con los implicados siendo sancionados ejemplarmente.

Si se relatan casos internacionales de políticos de alto nivel repudiados, defenestrados y sancionados por actos de corrupción, muchas personas suelen hacer una especie de justificación de que en México no suceda así porque no somos como en otros países, como si las naciones nórdicas (o asiáticas en este caso) hubieran sido siempre así y, en nuestro caso, carguemos una condena histórica inmutable.

Cuando se trata de Corea del Sur es imprescindible recordar que no tuvieron condiciones de vida de primer mundo sino hasta épocas recientes. En 1950, por ejemplo, el ingreso per capita de un mexicano era 2.77 veces más grande que el de un surcoreano. En 1970 un coreano todavía tenía la mitad del ingreso que un connacional promedio de la época. Hoy un habitante de Corea del Sur tiene 3 veces más ingresos que el promedio de nosotros. Además de venir de una situación de pobreza dramática, si uno se hubiera parado en la década de 1960 o 1970 ahí, hubiera encontrado un Estado corrupto que nos hubiera resultado muy familiar.

En una sola generación, Corea del Sur vivió una transformación dramática en que pasó de la pobreza y la corrupción al desarrollo e instituciones que pueden acabar por destituir a quien sea que se aproveche del poder para beneficio personal. Más que mostrar una ruta de cómo revolucionar, hay que mostrar que en el mediano plazo romper con el pasado no es imposible. Hoy los coreanos son un ejemplo, pero hace no mucho ciertamente no lo eran.

leonugo@yahoo.com.mx
Twitter:
@leonugo




 
 
 
 
fecha 13 de marzo de 2017 00:15
ultima modificacion Ultima modificación: 21:47
autor Por: Leonardo Núñez González
 
 
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