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Y volver a cruzar el Helesponto

Julio Trujillo

 

Una leyenda de la mitología griega se sitúa en las aguas del Bósforo, en un estrecho que mucho antes se conocía como el Helesponto. Leandro cruzaba a nado de Abidos a Sestos, todos los días, para ver a Hero, sacerdotisa de Afrodita, a quien amaba.

Nadie (ni Polibio, ni Ovidio, nadie) se detiene a hablar de la proeza natatoria que ello significaba: registran como un hecho normal que Leandro hiciera a diario ese trayecto acuático. Si acaso, hablan de un problema de orientación: para saber hacia dónde debía dirigir sus brazadas, Leandro seguía la luz de una antorcha encendida por Hero en lo alto de una torre. Gran historia, pero con trágico final: en una noche tormentosa de verano, una ráfaga apagó la flama, Leandro se desorientó y murió ahogado. Horas después, al ver su cuerpo inerte desde lo alto, Hero no soportó el dolor y se lanzó de la torre. Más dramático, imposible. Ni Shakespeare. De la correspondencia de los amantes, Ovidio rescata fragmentos. Uno de Hero: “¿Qué voy a contarte de los muchos besos que doy a la ropa que te quitas antes de meterte en las aguas del Helesponto?” No es de los mitos y leyendas más célebres, pero a mí me gusta mucho por romántico y porque me interesa la natación, igual (si me permiten emparejarme con la grandeza) que al poeta Lord Byron.

Pese a que era cojo, Byron fue un gran nadador (también fue un gran exhibicionista). En una ocasión, ante un público expectante, atravesó el Tajo para demostrar que podía hacerlo. En otra, en 1818, al salir de una fiesta en Venecia, apostó con unos amigos a que no resistían regresar nadando por los canales. Los dos amigos involucrados en la apuesta, finalmente cedieron, pero no el poeta de treinta años, quien llegó a su destino después de cuatro horas de nado. El agua parecía llamar al autor del colosal poema Don Juan: constantemente se dejaba atraer por su hechizo y su espejo. ¡Cuántas veces se habrá tirado impulsivamente al Támesis! Es así que, unos años antes de la proeza veneciana, en 1810, Byron estaba en Turquía con su amigo el lugarteniente Enkehead discutiendo sobre el mito de Leandro y Hero. Lo que fuera el Helesponto ahora es el estrecho de los Dardanelos. ¿Por dónde habrá cruzado exactamente Leandro?, se preguntaban. Escogieron un punto verosímil, se deshicieron de sus ropas y se tiraron al agua. Ambos consiguieron repetir el recorrido de Leandro, desmitificando un poco el mito. Hay un poema resultante que recomiendo: Written After Swimming from Sestos to Abydos.

Calculo que la distancia del estrecho, ahí donde mito y realidad se fundieron para siempre, es de poco menos de dos kilómetros. Según se cuenta, Byron la recorrió en una hora y diez minutos. La ruta es un gozne crucial entre Europa y Asia, y no sólo Leandro y Byron, sino también las hordas persas de Jerjes, los ejércitos de Alejandro el Grande y los batallones de Churchill, han fatigado esas aguas. Ahora todos mis pensamientos, todos los días, me llevan al Bósforo. No quisiera cumplir muchos años más antes de que sea un avión el que me lleve ahí para intentar emular a esos nadadores y guerreros. Aunque sea chacualeando.

julio.trujillo@razon.com.mx
Twitter:
@amadonegro




 
 
 
 
fecha 13 de marzo de 2017 00:13
ultima modificacion Ultima modificación: 22:53
autor Por: Julio Trujillo
 
 
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