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Armando Chaguaceda
 
Diversidad y exclusión

Armando Chaguaceda

 

El Festival Internacional de Cine de Guadalajara sirvió por estos días de escenario para la entrega de diversos reconocimientos a cubanos.

El Premio Maguey fue para Mariela Castro, hija del presidente insular y directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), por “su destacada lucha por los derechos de la comunidad LGBTTTI y los derechos sexuales de los cubanos“. Los otros lauros —mejor largometraje de ficción, mejor actriz, mejor guión, y el especial del jurado— fueron para el equipo del filme Santa y Andrés, obra de cine independiente encabezada por Carlos Lechuga. Destacándose el mensaje de sensibilidad, humanidad y poesía para referir una “compleja realidad política” y “la humillación, censura y ostracismo bajo un sistema opresivo”.1

Los galardones serían motivo de puro regocijo si no viniesen acompañados de dos noticias lamentables. Una fue la aclaración de Castro de que la demora en la aprobación del matrimonio igualitario en la isla obedecía a su encuadre dentro de una agenda más dilatada de cambios jurídicos y mentales.2 La otra es la sostenida censura de Santa y Andrés en Cuba, invisibilización compartida —alegando razones endebles— por los organizadores de un festival de cine neoyorquino.

Que Mariela Castro haya impulsado, con los recursos y permisos que su status le garantizan, una labor en pro de la comunidad LGBTTTI isleña es una buena causa. Otros proyectos, de diversa filiación, no han podido hacer lo mismo y sufren el veto oficial. Pero que la titular del Cenesex se arrogue el derecho de administrar los tiempos y modos en que la causa de la diversidad sexual deberá ir logrando avances concretos solo revela su concepción monopólica del poder. Decidir por los otros, postergar medidas específicas de alto valor real y simbólico —cuyo retraso pone a Cuba en la retaguardia regional— y sujetar todo al discurso de un régimen alérgico a cualquier forma de autonomía son contradictorios con la promoción del empoderamiento. Y muestran que la agenda del Cenesex tiene más de administración personal y política de una causa noble que de la reivindicación de derechos de una comunidad excluida.

La misma concepción monopolizadora de la verdad, la historia y el futuro de la nación es la que impide al público cubano apreciar, en su tierra, a Santa y Andrés. Obra que narra el nexo que se forja entre un intelectual homosexual y disidente y una campesina encargada de vigilarlo. Su censura revela implícitamente que el drama humano reflejado en el filme sigue, con otros ropajes, vivo y lacerante en la sociedad cubana. La notable reacción de activistas LBGTTTI, cineastas y diversas personas en medios y redes sociales demuestra el inocultable y creciente rechazo a las prácticas excluyentes del Estado cubano. Esas que marchan a contrapelo de las luchas progresistas, en pro de más derechos para todas las personas, en cualquier rincón del mundo.

1 Citas extraídas de http://www.ficg.mx/32/index.php/es/... y https://www.ficg.mx/32/index.php/es...

2 http://www.jornada.unam.mx/ultimas/...




 
 
 
 
fecha 20 de marzo de 2017 00:34
ultima modificacion Ultima modificación: 20:56
autor Por: Armando Chaguaceda
 
 
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