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La marcha por la ciencia

Raudel Ávila

 

Norman Mailer fue un gran periodista y novelista estadounidense del siglo XX. Uno de sus mejores libros, Los ejércitos de la noche, es una crónica de las marchas contra la guerra de Vietnam que tuvieron lugar en Washington entre el 21 y el 23 de octubre de 1967. Mailer describe las pasiones de una generación que salió a manifestarse por ideales y objetivos políticos imprecisos pero dotados de firmeza moral. “El Pentágono tenía el poder, pero nosotros poseíamos la imaginación”, escribió Mailer. Criticó fuertemente la indiferencia de los profesores e investigadores universitarios que se rehusaban a participar en las marchas para no comprometer su “imparcialidad académica.”

El fin de semana pasado, el New York Times dedicó sendos reportajes a la marcha por la ciencia. Miles de estudiantes y científicos (estadounidenses y extranjeros) que trabajan en universidades de la Unión Americana salieron a protestar el sábado en varias ciudades contra el antintelectualismo prevaleciente en la política contemporánea. Los organizadores y manifestantes se dijeron hartos de que los políticos no respeten los hechos y nieguen la evidencia científica en cuestiones como el calentamiento global, las vacunas, el aborto, las estadísticas económicas, o que recorten los subsidios para la investigación de alto nivel.

Era difícil negar que la invitación original a la marcha llevaba dedicatoria contra Donald Trump. No obstante, el interés creció tanto que se sumaron ciudades de varios países del mundo. El desprecio hacia los expertos, el dato duro y el rigor técnico es una constante entre los movimientos populistas de izquierda o derecha. Así que la marcha sirvió para protestar también contra los disparates islamofóbicos de Le Pen en París o los cálculos económicos ficticios de los promotores del Brexit en Londres.

Si bien hay varios ejemplos del pasado en los que los científicos firmaron manifiestos para pronunciarse en favor de una política o para condenar otra (Carl Sagan contra la política espacial de Ronald Reagan), nunca había ocurrido que organizaran una marcha para defender el valor de la ciencia en la vida pública. Se daba por hecho que el debate político debe sostenerse con base en evidencia empírica, en datos verificables. En la era de la postverdad, el retroceso es tal que la comunidad científica del país que produce más patentes en el mundo salió a defender el derecho público a discutir hechos y no creencias sin sustento.

Este año habrá elecciones en Francia, Inglaterra y Alemania. Los servicios de inteligencia alemanes advierten que el gobierno ruso tratará de intervenir mediante la difusión de noticias falsas en su portal RT. ¿Confiará el electorado en los hechos comprobables o en las fantasías conspirativas que alimentan la hostilidad política?

espaciolarazon3@gmail.com
Twitter:
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fecha 28 de abril de 2017 01:31
ultima modificacion Ultima modificación: 22:39
autor Por: Raudel Ávila
 
 
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