Diario La Razón
Jueves 25 de Mayo | 1:11 pm
Facebook Twitter RSS Youtube
 
 
Raudel Ávila Raudel Ávila
 
Raudel Ávila
 
Estampa de México y España

Raudel Ávila

 

“No conocí a mi padre, fue asesinado tres meses antes de que yo naciera en 1934, año especialmente violento en la historia española que anticipaba la guerra civil.” Así empezó Marcelino Oreja su conferencia la semana pasada en el Colegio de México. Oreja fue el ministro de asuntos exteriores del Presidente Adolfo Suárez, héroe de la transición democrática en España.

Oreja fue el responsable de restablecer las relaciones españolas con el mundo (empezando por los países de la órbita soviética), disminuidas por la cerrazón de la dictadura franquista. Oreja fue el interlocutor del entonces Secretario de Relaciones Exteriores mexicano, Santiago Roel, para devolver a su curso regular las relaciones diplomáticas entre México y España.

Oreja quiso comunicar dos mensajes en su conferencia. Uno, la solvencia profesional de la diplomacia mexicana en aquella época, particularmente por la calidad humana de Santiago Roel. “Santiago no era un técnico de la diplomacia. No necesitaba serlo, él era un experto en la humanidad, entendía las emociones ajenas, transmitía calidez y sabía hacer sentir bien a las personas. Me conquistó inmediatamente. Esto es más importante que ser un especialista en derecho internacional o economía. Santiago era de Monterrey y gracias a él, cada vez que oigo la palabra Monterrey, imagino una comunidad de grandes seres humanos.”

Dos, el espíritu que impulsó la transición a la democracia en España. “El Presidente Suárez no era un hombre muy ilustrado, pero estaba convencido de que teníamos que dejar atrás los rencores del pasado para abrazar el porvenir. No íbamos a discutir cuál bando fue más perverso en la guerra civil, sino cómo insertar a España en Europa y el mundo.”

Marcelino Oreja narró el momento final en que Santiago Roel y él se reunieron a firmar el restablecimiento de relaciones diplomáticas en un hotel de Paris.

De último minuto, sentados en el salón de convenciones Napoleón III, el canciller mexicano se rehusó a firmar. Oreja no entendía. Ya estaban autorizados por sus respectivos presidentes, ¿cuál era el problema de Roel? Muy sencillo. El canciller mexicano no podía firmar un acuerdo diplomático en un salón que llevaba el nombre del emperador que invadió México en el siglo XIX. “Su gesto de dignidad me emocionó”, dijo Oreja. Sacaron los bustos de Napoleón III, cambiaron el letrero con el nombre del salón y firmaron.

Oreja contó que si bien no conoció a su papá, conserva un crucifijo que le perteneció. El crucifijo tiene grabadas palabras del Evangelio “perdonad a vuestros enemigos.” Oreja concluyó diciendo “me gusta pensar que es el mensaje que me dejó mi padre para la vida y es el espíritu que imprimimos a la transición democrática española.”

espaciolarazon3@gmail.com
Twitter:
@avila_raudel




 
 
 
 
fecha 5 de mayo de 2017 00:24
ultima modificacion Ultima modificación: 21:20
autor Por: Raudel Ávila
 
 
Todo sobre este tema
Noticias relacionadas
 
Noticias relacionadas Noticias relacionadas
Notas Relacionadas Las elecciones británicas 00:49
Notas Relacionadas ¿Cómo se hace política? 01:18
Notas Relacionadas La marcha por la ciencia 01:31
Notas Relacionadas Turquía 01:59
Notas Relacionadas Israel y el desarrollo tecnológico 02:46