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Desamor

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“Un día recibe orquídeas anónimas: enseguida alucina su origen: no pueden venir más que de quien lo ama; y quien lo ama no puede ser más que aquel a quien ama. Solo después de mucho tiempo de crítica llega a disociar las dos inferencias: quien lo ama no es forzosamente aquel a quien ama” (Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes)

Así describe Barthes la convicción alucinante de que el objeto amado le ama. Le tiene que amar. No podría dejar de quererle si usted le ha dado todo. Pero el hecho es que de modo unilateral, un mal día le anuncian que ya no le aman y que lo van a abandonar porque ya no es lo mismo, porque la relación se desgastó, se volvió insostenible, quizá porque hay un nuevo objeto amoroso en el horizonte.

Esta pequeña gran tragedia rompe a muchos. El desamor, aunque sea parte de la condición humana que es no lineal e impredecible, se vive como inesperado y difícil de creer, pero así como la vida está atada a la muerte, el amor coexiste con el desamor.

Desde los primeros años de vida comienzan las decepciones amorosas: los cuidadores no son perfectos, tienen vida propia, quieren a otras personas y a veces son egoístas; entonces el niño comprende que ni siquiera su madre lo ama de modo total. Al convertirse en adulto buscará el amor ideal: un objeto que colme todos sus deseos. Y revivirá el trauma original del desamor al darse cuenta de que ese objeto no es el ser sublime que imaginó.

Dice Estela Troya: “las faltas al contrato original del amor son constantes, voluntarias e indeseadas: no te frustraré, no te pospondré, no te ignoraré, no te odiaré”.

La cantidad y la calidad de la sexualidad está relacionada con estas traiciones a las expectativas (reales e insensatas) de compañía y comprensión.

Las parejas dejan de amarse cuando pierden flexibilidad: por ejemplo si ella se vuelve la cuidadora y él como un hijo adolescente; ya no saben cómo jugar con otras posibilidades en las que él fuera el cuidador y ella como una niña necesitada de contención.

El poeta francés Rimbaud afirmó que el amor debía ser reinventado. Quizá no estaba pensando en que la pareja viajara a lugares exóticos o aprendiera a bailar tango. Tal vez se refería a salir de la seguridad y la comodidad de la rutina para correr riesgos y tener aventuras, como inventar nuevos modos de hacer el amor o dejar de hacer las mismas cosas todos los miércoles o jugar a re-conocerse aunque lleven toda la vida juntos.

El amor es una declaración de eternidad. Decimos “Siempre te amaré”, sin saber con exactitud cuánto durará ese siempre, porque el amor es un compromiso en el tiempo aunque después pueda romperse.

Dejar de creer en el amor haría de la existencia un lugar muy gris. Es posible y deseable entregarse al amor como principiante, sin olvidar que nada es para siempre.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.

valevillag@gmail.com
Twitter:
@valevillag




 
 
 
 
fecha 5 de mayo de 2017 00:21
ultima modificacion Ultima modificación: 22:51
autor Por: Vale Villa
 
 
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