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Rodolfo Higareda Rodolfo Higareda
 
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Alcaldías y contrapesos

Rodolfo Higareda

 

Ahora que en la Asamblea de Representantes se discute la Ley Electoral, que entre otras cosas, contemplará las bases y procedimientos para la elección de los nuevos concejales de la ciudad, me parece que los legisladores deberían preguntarse, antes que nada, por qué el constituyente pensó en estas figuras, y actuar en consecuencia.

Por alguna extraña razón algunos legisladores locales del PAN pretenden que el partido que gane una alcaldía, asegure de igual manera a la mayoría de los concejales. Lo anterior, además de ir en contra del espíritu de la Constitución, echaría por tierra cualquier posibilidad de que se diera un verdadero equilibrio de poderes.

La Constitución es bastante clara en su artículo XXI al señalar que los concejales representarán a una circunscripción dentro de la demarcación territorial, siendo el 60 por ciento de ellos electos por el principio de mayoría y el 40 por ciento restante por representación proporcional.

Así las cosas, lo que el constituyente previó fue la posibilidad de que los ciudadanos voten de manera directa por el aspirante a alcalde de un partido y por el candidato a concejal proveniente de otra fuerza política o independiente. El voto diferenciado es una realidad que no debe ser coartada a través de argucias legales. Porque, finalmente, se logró tener una figura (en los concejos) que quizás (sólo quizás) logre poner un freno al poder casi virreinal que hasta ahora han ejercido los delegados políticos.

En las delegaciones prevalece la corrupción en muchas áreas, que incluyen desde las de adquisiciones y obras públicas, hasta las responsables de licencias de construcción, uso de suelo y apertura de comercios. Hoy en día, los delegados no son debidamente auditados y algunos se han aprovechado de esta circunstancia para malversar, incluso, el presupuesto para programas sociales.

Es por todos conocida la práctica de repartir dinero y hasta tinacos de agua en tiempos electorales, disfrazando estas acciones con la mascarada de programas de dudoso beneficio social. Impunemente lo hacen, ante la incapacidad e incompetencia de las autoridades electorales de poner un freno a este dispendio.

Así, el procurar que los concejales pudieran ser de un signo distinto al del alcalde, podría de alguna manera llevarnos a un mejor manejo de las prácticas de gobierno, y que éstas se reflejen en calidad de vida para todos nosotros.

Desde luego todo esto es teórico, dado que en una infinidad de municipios, a lo largo y ancho del país, la figura de los cabildos no ha funcionado así. Basta con voltear a ver al vecino Naucalpan, que aun con un cabildo aparentemente combativo, no logró frenar la corrupción del exalcalde David Sánchez.

Pero estas desilusiones no deben frenar la búsqueda de contrapesos en una ciudad que no ha vivido la alternancia y donde las prácticas electorales no son transparentes. Y sobre esto último, me parece que el siguiente paso debería ser la creación de una auditoría electoral, pero esto será un tema a tratar próximamente.

Twitter: @RudyCoen




 
 
 
 
fecha 16 de mayo de 2017 00:04
ultima modificacion Ultima modificación: 19:28
autor Por: Rodolfo Higareda
 
 
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