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Rodolfo Higareda
 
El Mundo del revés

Rodolfo Higareda

 

La política y sus actores muchas veces transitan por el mundo del revés con absoluta naturalidad y sin temor alguno. Cualquier día es bueno para que alguien acuse a otro de ser el enemigo número uno de la patria, autor de todos los males, y al día siguiente les podemos ver abrazados en una luna de miel de ensueño.

Manuel Camacho era, muy probablemente, el hombre más cercano a Carlos Salinas de Gortari. Fue el estratega detrás del triunfo electoral del 88 y no se puede entender ese sexenio sin la omnipresente figura del exregente.

Después de su infame berrinche quiso engañar al mundo con una pretendida convicción democrática que no le alcanzó para mucho, pero sí para forjar una alianza indisoluble entre su pupilo, el artífice del fraude de la línea 12, y López Obrador.

Dios los hace y ellos se juntan, reza el dicho, pero lo cierto es que esa hermandad malsana va en absoluto contrasentido con la congruencia y la honestidad. Manuel Bartlett es otro caso en el que no es posible saber si la realidad superó a la fantasía, o bien si el mundo creado por estos políticos, no tiene nada que ver con aquél en el que vive la gente normal.

El de ellos es un mundo tenebroso, lleno de zombis y fanáticos, en donde los triángulos y los círculos pueden encajar a la perfección, donde arriba es abajo y robar en despoblado es ayudar al pueblo. En esa realidad virtual resulta que Elba Esther Gordillo le echará una manita a la “izquierda progresista” en la que milita Delfina.

En otras latitudes, por ejemplo en Europa o Estados Unidos, las fuerzas progresistas son normalmente colocadas a la izquierda en la cartografía política. Sus planteamientos en desarrollo social, sus posturas económicas liberales, al igual que sus luchas ambientalistas y en otros muchos ámbitos, las ubican en ese lado del mapa. Tristemente nuestra izquierda juega en la segunda división (al igual que el resto de sus pares en Latinoamérica) y resulta estar mucho más cercana a la derecha fascista que de las ideas innovadoras.

No puedo imaginar a Barack Obama, a Hillary Clinton, a Ángela Merkel, a Justin Trudeau o a Emmanuel Macron (vamos, ni siquiera a Bernie Sanders) aplaudiendo a una candidata que se robó el dinero de sus empleados para dárselo a un padrino político. Tampoco imagino a un líder de la social democracia europea o a alguna figura del pensamiento liberal avalando a un Juanito o mandando al diablo a las instituciones.

Mucho menos callarían ante la represión en Venezuela, ni tendrían a sus hijos y demás parentela en la nómina de sus partidos. En cambio, Trump sí lo hace con una mano en la cintura todos los días.

En este mundo de cabeza, los progres mexicanos no podrán nunca convivir con la verdad, ni reflejarse en un pensamiento de avanzada. Aquí, ser progresista es robar pero lamentarse de la corrupción. Para ellos la libertad individual y la democracia pueden llegar a estorbar en el camino hacia la coronación de sus ambiciones, que en realidad se reducen a la avaricia de poder de un solo hombre.

Twitter: @RudyCoen




 
 
 
 
fecha 21 de mayo de 2017 00:30
ultima modificacion Ultima modificación: 20:58
autor Por: Rodolfo Higareda
 
 
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