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Teléfonos inteligentes y adicción

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Nos gusta pensar que los teléfonos inteligentes son herramientas de trabajo utilísimas e indispensables, porque aceptar que lo que tenemos con ellos es una relación íntima, es un duro golpe de realidad.

Las parejas que vienen a consulta se quejan de que el otro pasa más tiempo en el teléfono que conversando y algunos lo viven como un estorbo para la cercanía. La portabilidad de los teléfonos inteligentes los ha vuelto compañeros omnipresentes; he visto a mucha gente sufrir un connato de infarto si olvidaron el teléfono en casa o cuando tienen cinco por ciento de pila.

Nos conviene pensar que el tema de la adicción a los celulares y a la tecnología en general ya no es tendencia y que las reflexiones sobre el tema están agotadas. Creemos que nosotros controlamos la relación con nuestros teléfonos pero es al revés: Los adultos lo consultan en promedio 47 veces al día. Los jóvenes entre 18 y 24 años, 82 veces. No nos gusta aceptar que esta relación tan cercana puede afectar nuestras relaciones personales, en parte porque los encuentros cara a cara son sustituidos por mensajes de texto. Algunas parejas pasan días enteros sin verse ni hablar por teléfono pero creen que estuvieron pendientes el uno del otro porque intercambiaron cientos de mensajes todo el día.

Las relaciones sanas se caracterizan por la presencia. Es imposible aprender a ser empático vía mensajes. El único modo de comprender lo que significa la cercanía, se construye mediante la conversación, la escucha atenta, la mirada, el tacto. El teléfono es una forma fragmentada de contacto, como cuando mientras vamos en el auto leemos un mensaje de algo importante que le está pasando a un amigo, a nuestra pareja o a un hijo. El peor método para decirle a alguien que estamos ahí para lo que necesite, es un mensaje de texto, que pasó de ser mejor que nada a lo mejor; porque no entraña riesgos, ni compromiso ni nos enfrenta a los peligros del mundo real.

Por otra parte, los usuarios compulsivos de las redes han logrado construir con mucho cuidado una imagen idealizada de sí mismos: las mejores fotos, los comentarios más inteligentes, la compasión por todas las causas sociales desde salvar perros hasta protestar por la corrupción. Quién es la persona real que está detrás de los textos es algo que nunca sabremos.

Hablar con las personas cara a cara es el único camino para reconocer su humanidad de forma total y también es la única forma de desarrollar empatía. Exponerse al aburrimiento, que aparece en toda conversación nos enseña a ser pacientes y a tener más imaginación. Los encuentros cara a cara hacen posible el desarrollo de la confianza, del amor propio, de la solidaridad, de la amistad y de la intimidad.

Es difícil tener una gran conversación con alguien que está revisando su teléfono todo el tiempo. Sigue siendo vigente reflexionar sobre la relación que tenemos con nuestros teléfonos y si es el caso, aceptar que tenemos una adicción que habrá que atajar por el bien de nuestro yo en relación.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.

valevillag@gmail.com
Twitter:
@valevillag




 
 
 
 
fecha 19 de mayo de 2017 00:38
ultima modificacion Ultima modificación: 12:00
autor Por: Vale Villa
 
 
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