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Cuevas, entre el recuerdo y la ignorancia

Mónica Garza

 

No cabe duda de que con la muerte del pintor José Luis Cuevas el mundo de la plástica mexicana perdió a uno de sus personajes más divertidos por polémico, extravagante, atrevido y mujeriego.

El “gatito”, como le llamaba Bertha Riestra, la mujer que tanto lo amó, que le dio tres hijas y que admiró tanto su obra que la hizo crecer hasta quedar mirando al infinito, como esa escultura del gran hombre que Cuevas le dedicó a su mujer después de muerta.

“Arriba Bertha, arriba Bertha” fue el grito que quedará quizá como un vergonzoso recuerdo entre las anécdotas del Palacio de Bellas Artes, a propósito del homenaje luctuoso que se le rindió al artista ahí el martes pasado, pero que para muchos que conocen el triste final de la historia no fue más que la justicia divina donde cada personaje quedó en el lugar que le correspondía.

Muchas interrogantes quedaron sobre la muerte de José Luis Cuevas y quién sabe si algún día se resuelvan. ¿Por qué murió tan alejado de casi todo el mundo? ¿Por qué nunca quiso o más bien no pudo volver a ver a sus hijas si siempre representaron el oxígeno de sus carcajadas, su refugio y la inspiración de muchos de los juegos que tantas veces incluso convirtió en arte?

¿Por qué no podía ver a sus hermanos? ¿Por qué su hermano Alberto, personaje fundamental en la vida de Cuevas, decidió de último momento no asistir al homenaje de Bellas Artes con tal de no respirar el mismo aire que Beatriz Bazán?… según sus propias palabras.

¿Por qué la única hermana de José Luis Cuevas, Guadalupe, la monja que murió el año pasado víctima de cáncer de ovarios, también tuvo que conformarse con irse así, sin volver a ver a su hermano?

¿Por qué su segunda esposa, con un nulo sentido de lo elemental artístico desmanteló el estudio donde José Luis Cuevas pasó décadas trabajando, fotografiándose, soñando, concediendo entrevistas, leyendo y escribiendo los capítulos más importantes de su vida y su arte, para convertirlo en una bodega? Eso fue como desmantelar al artista.

Quizás ahí comenzó el terrible final de esta historia...

¿Por qué nadie lo impidió?

¿Por qué la emblemática casa de Galeana, esa obra fantástica diseñada por el arquitecto Teodoro González de León, quedó reducida a las ruinas? Con candados enormes en las puertas, tan pesados como la advertencia que cayó sobre las tres hijas de Cuevas desde hace diez años, cuando la señora Bazán se convirtió en su segunda esposa: “No pueden entrar a la casa”

¿“No pueden entrar a la casa” que construyó su madre para ellas? ¿La casa que las vio crecer y a Bertha Riestra de Cuevas morir, luego de haber construido la carrera del artista que, según lo que el mismo Cuevas me dijo en una entrevista: “sin ella no sabía ni dónde poner la firma en un cheque”? ¿Por qué esa casa de Galeana quedó en semejante abandono? Si siempre fue un reflejo del artista que tan intensamente la habitó, hasta convertirse quizá de la misma forma en el presagio de su final…

Hace unos días María José Cuevas, la hija del pintor que se vio impedida junto con sus hermanas para verlo antes de ser incinerado en la funeraria, entre el llanto de un luto que no sabía cómo acomodar y ese sentido del humor elegante que siempre la ha caracterizado, me contó una de las últimas anécdotas que vivió precisamente en esa casa de Galeana:

“Cuando yo llegué de vivir en Barcelona, llegué a mi casa de Galeana, la casa de mis papás, donde nací. Beatriz cambió inmediatamente la cerradura de la casa, diciéndole a mi papá que yo entraba a robarle los regalos de la boda. Me creía tan ignorante como ella. Créeme que si yo hubiera entrado a esa casa a robar, primero me hubiera robado el cuadro de Matías Goeritz que unas sábanas del Palacio de Hierro”…

Claramente así es como comenzó uno de los pleitos más dolorosos y vulgares en el mundo del arte mexicano, que terminó como el gran José Luis Cuevas menos hubiera deseado, y con el mayor miedo que tenía, en la enfermedad, en la soledad, en la oscuridad, casi en el olvido y lo peor, acompañado de la ignorancia.

Descanse en Paz José Luis Cuevas.

monica.garza@razon.mx
Twitter:
@monicagarzag




 
 
 
 
fecha 9 de julio de 2017 00:05
ultima modificacion Ultima modificación: 22:23
autor Por: Mónica Garza
 
 
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