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Armando Chaguaceda Armando Chaguaceda
 
Armando Chaguaceda
 
Vergüenza

Armando Chaguaceda

 

El ruso Evgueni Evtushenko, poeta progresista, cuenta en su libro Adiós Bandera Roja una anécdota sobre la Primavera de Praga. Paseaba durante la mañana del 23 de agosto de 1968, cuando supo de la invasión a Checoslovaquia. Desolado por el asesinato del socialismo con rostro humano, presenció las celebraciones de sus compatriotas. Frente a las que un amigo, asqueado, replicó: “son esclavos de su propia ignorancia, de su propia indiferencia. Son esclavos de este plato con ensalada avinagrada por el que ahora están en la fila.

Y en estos momentos sus tanques aplastan la libertad en Praga, porque ustedes quieren que la misma libertad esté en todas partes”.

Esta frase, hija de la vergüenza frente al despotismo y la cobardía, me ronda hoy. Porque en Venezuela la gente resiste tras 100 días de protesta ciudadana, frente a una camarilla dispuesta a todo para mantenerse en el poder. Y el gobierno ha dispuesto una torpe y machacona campaña de propaganda, digna de la neolengua orwelliana. Donde los manifestantes son golpistas, los milicos defensores de la democracia y la exigencia de elecciones un acto subversivo. Penosamente, algunos intelectuales cubanos se hacen eco de esta propaganda de factura nazi. Y a ellos voy a escribirles hoy.

A la prometedora periodista que no quiso saber cuando le mostré pruebas de la falsa campaña oficial, sobre la quema de los consultorios médicos. Al viejo profesor que hoy defiende a Maduro, pero alguna vez me enseñó que el socialismo sin libertad no valía la pena. Al activista religioso que alegó presiones y vigilancias para firmar un manifiesto infame. Al colega constitucionalista que, súbitamente, ha olvidado defender la mejor constitución que hasta ayer celebró. A todos los que ahora, con su complicidad entusiasta o pusilánime, ayudan a legitimar una dictadura miserable y, de paso, pisotean la dignidad de la izquierda. Que no les pertenece.

¿Acaso no ven un pueblo erguido defendiendo sus derechos, como lo hizo el cubano en 1959, antes que el régimen los secuestrara? ¿No tienen amigos allá cuya suerte lamenten? ¿No les mueven, siquiera, la envidia y la vergüenza para mostrar una mínima solidaridad o, al menos, un respetuoso silencio ante quienes luchan contra el mismo despotismo que nos postró? Ustedes no están premiando un mal poeta, publicando una novela mediocre, discutiendo un seminario de teología. Calibren el tamaño de su irresponsabilidad. Ustedes manchan su obra y su conciencia con la sangre y suerte de civiles, incluidos sus pares. Y retrasan la hora de su propia liberación.

Alguien dirá que escribo esto al resguardo de la distancia. Puede ser: nunca fui héroe. Hace justo diez años, un poeta español me echó en cara la imposibilidad de querer un socialismo democrático, sin defender a los presos políticos. Sentí confusión y, sobre todo, vergüenza. Una vergüenza tan incómoda que, abonada por una posterior militancia social, me cambió la vida. Arrojándome al exilio. Es desde esa vergüenza, que les escribo hoy. Recapaciten.




 
 
 
 
fecha 17 de julio de 2017 00:49
ultima modificacion Ultima modificación: 23:25
autor Por: Armando Chaguaceda
 
 
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