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Trump ignorante, homófobo y mentiroso

Mónica Garza

 

Vaya mogollón el que se le armó al presidente Donald Trump desde la mañana del miércoles pasado luego de la ocurrencia de subir a través de su cuenta de Twitter (¡¡ya quítensela, por favor!!) una serie de mensajes en los que anunció su decisión de retirar a las personas transgénero de cualquier tipo de participación dentro de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

Y eso que con la llegada del nuevo Jefe de comunicaciones de la Casa Blanca, el polémico financiero Anthony Scaramucci, se esperaba que en algo mejorara la imagen del presidente, comenzando por sus arrebatadas intervenciones en Twitter, pero por lo visto no será posible.

Desde lo más elemental de la redacción de sus mensajes tránsfobos, Trump dio muestra de su ignorancia sobre la simple diferencia entre ser transexual y transgénero, así como la de “los altos funcionarios y expertos militares” que dijo haber consultado.

Y aquí cabe una breve especificación:

El sexo biológico es el que tenemos al nacer y se define por la genitalidad. La identidad de género es un proceso de construcción para definirse.

La transexualidad es una forma de identidad de género que sí busca la reasignación de sexo físico, mientras que las personas transgénero no buscan cambiar sus genitales.

Con esto intento explicar que no todas las personas de la comunidad trans buscan o requieren de un tratamiento clínico para una reasignación de sexo, como pareció decir en sus mensajes el presidente Trump.

Y es que el primer mandatario norteamericano argumentó “tremendos costos y alteraciones” si mantenía a personas trans dentro de las fuerzas militares, con lo que pasó por alto el estudio que en 2016 realizó Rand, un think tank de California especializado en seguridad nacional, que fue encargado por el propio Departamento de Defensa y que concluyó que dejar que las personas transgénero sirvieran abiertamente tendría un “impacto mínimo” en costos de preparación y atención médica, empezando porque son muy pocos, alrededor de siete mil, dentro de una fuerza militar de 1.3 millones de miembros.

Ese mismo estudio señaló que entre los 1,320 y 6,630 integrantes transgénero del ejercito en activo, no todos buscaban tratamiento de transición de genero, ya que para algunos dicha transición puede ser principalmente social, sin un tratamiento médico adjunto.

Hoy el gasto representaría unos 10 millones de dólares en el supuesto de que se tratara del total de tratamientos hormonales, psicológicos e intervenciones quirúrgicas, sobre un presupuesto que el Pentágono va a recibir para la milicia de casi 700 mil millones de dólares. Es decir, sería aproximadamente sólo el 0.014 % del presupuesto.

Agrego sólo como dato curioso, y según cifras oficiales, que el Departamento de Defensa de Estados Unidos gastó en 2014 , 41.6 millones de dólares en Viagra y otros 84.24 millones en recetas de disfunción eréctil.

Pero Donald Trump comenzó con su política antipersonas trans desde febrero de este año, cuando anuló la norma proclamada por su antecesor Barack Obama para que las escuelas públicas estadounidenses permitieran a los alumnos transexuales usar los baños y vestidores en función del género con el que se identificaran.

Fue el fiscal general Jeff Sessions quien a través de un comunicado anunció la suspensión de la medida porque “producía demasiada confusión a nivel local y no incluía un análisis legal suficiente”, decía el documento.

Barack Obama durante su administración abrió las puertas a las personas transgénero dentro de las fuerzas armadas, les ofreció ayuda médica y económica en un claro mensaje de inclusión y no discriminación.

Pero en la obsesión trumpiana de destruir todo lo que Obama haya construido, además de su necesidad de distraer la atención del caso Rusia, Donald Trump ha abierto un nuevo frente de guerra en su propio país.

Le salió el tiro por la culata al presidente de Estados Unidos que vuelve a quedar como ignorante, homófobo y mentiroso, porque si se trata de ahorrarse un “gasto excesivo” para el gobierno de Estados Unidos, pues bien podría comenzar por sus viajes a Mar-a-Lago, su residencia privada en Florida, que hoy se sabe representan para las arcas públicas norteamericanas un gasto de 3 millones de dólares.

Con tres de esos viajes el presidente Trump iguala en costo la estimación más alta del gasto medico de las personas transgénero dentro de las fuerzas armadas. Simples matemáticas…

monica.garza@razon.mx
Twitter:
@monicagarzag




 
 
 
 
fecha 30 de julio de 2017 00:10
ultima modificacion Ultima modificación: 07:40
autor Por: Mónica Garza
 
 
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