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Carlos Urdiales Carlos Urdiales
 
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Videgaray avanza entre trumpadas y arrebatos inmaduros

Carlos Urdiales

 

Mientras el PRI calienta su Asamblea Nacional en mesas temáticas desde Campeche, Guadalajara, Mazatlán, Coahuila y Toluca, la transcripción del periódico Washington Post y una caricatura del dictador en Venezuela ponen de moda al canciller Luis Videgaray.

Desde Estados Unidos nos cuentan qué se dijeron y qué no se dijeron los presidentes Peña Nieto y Trump el 26 de enero por teléfono. Horas antes de la llamada, la gira del mexicano fue cancelada por culpa de la larga lengua del magnate, su falta de honor y de palabra.

Hay quienes disfrutan buscando mangas al chaleco, imaginan, como antes inventaron tonos y posturas, que en un diálogo entre presidentes las patadas, los trompones y las mentadas sirven. Nada más falso.

La transcripción revela el tamaño del personaje global con el que nos toca lidiar. Un Miura (arrebatado y letal) güero, errático, impredecible. Con ese líder electo hay que negociar los intereses nacionales.

A Donald Trump le toca descifrar y vencer en aras de la realidad social y económica de ambas naciones. Nada más, pero nada menos.

Trump, revela la transcripción, confía en que Jared Kushner, el orgullo de su nepotismo político, y Luis Videgaray, la joya del círculo peñista, van a encontrar juntos caminos y puentes para sortear el asunto del muro, la renegociación del TLCAN y los cientos de expedientes que se sumen a la lista.

Tiburón inmobiliario, socialité de singular estética devenido en líder de la nación más poderosa del mundo, Donald Trump es un populista de cuello blanco, sobre sus debilidades y ocurrencias, a la diplomacia mexicana (Videgaray y compañía) le corresponde armar el andamiaje institucional necesario para salvaguardar nuestra relación binacional más estratégica.

La talacha pasa por reuniones entre equipos de seguridad, por la inminente renegociación del TLCAN, por tensiones entre las cabezas responsables, por observar cómo el gabinete de Trump se arma y desarma, adaptarse a los cambios, ver, sin sobre reaccionar, cómo el tuitero más poderoso del mundo festina una inexistente nueva llamada del Presidente Peña y luego, su enésima vocera, lo desmiente.

Videgaray no para, mientras ejerce de canciller, la pugna tricolor preasamblea demanda de sus oficios, ampliar la baraja presidencial de tapados, incluso con él mismo, ocupa lo mismo al consentido, que a su jefe.

Luego, un populista de cuello sucio, Nicolás Maduro, llama cobarde al presidente Peña Nieto por el talante mostrado y revelado ante Trump. Luis Videgaray le dice al aprendiz de dictador que cobarde es quien utiliza el poder para desmantelar la democracia y arremeter contra su pueblo.

Maduro quiere gritos e insultos para esconder su latrocinio, la compra de víveres mexicanos para luego, con pingües ganancias, revenderlos a su pueblo.

Con Maduro toca igual, diplomacia activa, condenar la instalación ayer de su Asamblea Constituyente. Un tabique más en la edificación de su dictatorial caricatura.

urdiales@prodigy.net.mx
Twitter:
@CarlosUrdiales




 
 
 
 
fecha 5 de agosto de 2017 00:46
ultima modificacion Ultima modificación: 23:57
autor Por: Carlos Urdiales
 
 
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