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Carlos Olivares Baró Carlos Olivares Baró
 
Carlos Olivares Baró
 
La forma del cuerpo

Carlos Olivares Baró

 

El cuerpo se explaya en el pañuelo de los deseos. Va el cuerpo por las insinuaciones y se deja arrinconar por las vanidades. / Cuerpo de voluntad temerosa / organismo en los dilemas de una oscura ruta / en la embocadura del pozo. // Yo soy mi cuerpo y el arrojo de mi cuerpo: cicatriz inclinada, torcida en la vestimenta del arroyo. / Cuerpo mío en sus secreciones nocturnas: alarido en la neblina de nuestras intimidades. / Yo soy mi cuerpo: me nombro en él: / mi designio se alumbra con su rúbrica. // Antes de recorrer mi cuerpo: yo era mi cuerpo.

Via Corporis (FCE, 2016), de la poeta y traductora Pura López Colomé (Ciudad de México, 1952) con Radiografías del artista visual Guillermo Arreola, es un sumario de prosodias y perfiles de punzadas, laceraciones, flujos y heridas corporales. Significaciones sigilosas de un habla que establece un ‘diálogo melodioso’ con iconografías de luces desbordadas en almagres de azulinos, verdes, magentas, marrones, blancos, grises, violetas y rojizas células circulatorias. Arreola se oculta en el terracota, en la resequedad, en el abandono y en las grietas de un acaecido de resignaciones que López Colomé reconstruye con sílabas de continua pronunciación en las pausas de la borrasca: “un llámenme / ‘Dios escucha’// en sordina”.

El Premio Xavier Villaurrutia 2007 por Santo y seña pone a disposición de los lectores XXXV antífonas y Ese cadáver: códigos de árida y doliente espiritualidad. Transparente y escabrosa lobreguez de un sollozo abismado en la epidermis rasgada del nómada. “Éste sí (hay quien) sangra y supura. / La prueba está en el nódulo, / en las meditaciones. / En la frescura pantanosa de su llanto.” // Los trazos de Arreola laminan las lesionadas presencias que la poeta ha revelado desde las confidenciales cifras del lenguaje. Calcáreas cicatrices casi quebradas por la loza de su envoltura. Antiguas placas untadas de densa gota linfática. Emoción resonada. Latidos de tonalidades encadenadas a un adagio de insomnios cegados en las partículas de una noche cosida a la intemperie.

Abrimos este cuaderno como se abre una carta sin remitente: entramos escoltados por el sopor que produce el misterio: “corriendo / la cuerda / cuyo / nudo / sutil / ciñe / la jugosa / la escondida / manzana de Adán”. // Nubarrones escarlatas se desploman sobre los bordones de las cadencias. Mareos. Sangre segregando su tinta encima de las notaciones. Del torso escapan burbujas turbias: pulpas: segregación del caracol en lentitud pasmosa. Calor asfixiante en los atajos de las sombras. // Arreola reconstruye, con estallido presuroso, la afrenta del padecimiento: criaturas que se inmolan en los ángulos del azul que abrasa el amarillo en la provocación de la hondonada. “Siento, de noche, la punzada / de una imagen / editada / ex profeso / para clavar su daga, / para dividir escenas o tomas enteras / de los sucesos felices de los sueños”. La forma del cuerpo y su acabamiento en la espiral de la orfandad que nos circunda. Imposible cauterizar tantas laceraciones: la palabra talla en la piedra una modulación de ardores. Via Corporis: cada consonancia lingüística es un regodeo en búsqueda del equilibrio de la perfección.

carlosolivaresbaro@hotmail.com
Twitter:
@barocarl




 
 
 
 
fecha 12 de agosto de 2017 01:26
ultima modificacion Ultima modificación: 15:47
autor Por: Carlos Olivares Baró
 
 
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